X: "No loco, no puedo creer que a Juan le gusten los hombres. Ése pibe es un enfermo"
Y: "Ja ja.. pobre chico"
Z: "A mí me parece que estás muy equivocado, la única enfermedad que veo acá es tu homofobia"
X es un chico de clase y familia acomodada, de veintitantos años, universitario. ¿Cuál es su problema? ¿Será que su familia es la precursora de sus pensamientos y él, como un nene de mamá, repite la opinión de una generación que vivió tapándose los ojos y oídos y hacer de cuenta que "aquí no ha pasado nada"?
Quizás, y sólo es una suposición, el día de mañana tendrá que meterse sus prejuicios en algún rincón de su cuerpo, al enterarse que alguien muy cercano a su persona (un hijo, un amigo, etc) se haya animado a salir del closet. Ahí la cuestión se pondrá interesante, ¿no?
Z pudo haberse convertido en el homofóbico X, pero algo en su historia hizo que su mente reflexione, se adapte y hasta asuma la problemática del prejuicio en la sexualidad.
A través de la historia, la humanidad encontró diferentes chivos espiatorios para liberar su crueldad innata. Indios, negros, judíos y homosexuales fueron los tiro al blanco favoritos. ¿Cuál será el próximo objetivo? 
Es increíble que en pleno SXXI haya, todavía, mentes retrógradas e intolerantes que piensen que un amor entre dos personas del mismo sexo sea la consecuencia de una "enfermedad". ¿Qué es lo que les puede molestar? ¿En qué momento la sexualidad del otro se transformó en motivo de incumbencia para el ser humano?
Abran sus cabezas por favor. De un hachazo si es necesario.