2.9.10

Es verdad que nos mienten

“Te lo juro por mi vieja. En serio, creéme. No, no te estoy mintiendo, necesito que confíes en mi palabra! ¿Tan difícil te resulta? ¿Qué tengo que hacer para que me creas?”

El ruego por obtener la credibilidad del otro podría extenderse hasta el cansancio y, probablemente, lo máximo que podamos conseguir es que éste tome con pinzas nuestras palabras. ¿Cuándo cambió todo? ¿Desde qué momento la palabra fue bastardeada al punto de que quien confía en ella es tildado de ingenuo? ¿Hay forma de doblegar esta costumbre de sospechar de todo y de todos?

La definición más periodística sobre “la verdad” la define como una respuesta lógica, siendo el resultado de examinar todos los hechos y los datos. Una conclusión que se basa en evidencia no influida por deseos, autoridades o prejuicios. Un hecho que no se puede evadir.

Nuestro contexto nos ubica en Argentina, siglo XXI. Un país tan singular como interesante ubicado al sur del mundo, por el que desfilaron personas y personajes que inevitablemente influyeron en nuestras personalidades.

Un país en donde se derribó el mito de que los borrachos dicen la verdad cuando le creímos a un militar alcohólico e inescrupuloso que nos dijo que estábamos ganando la guerra de Malvinas, mientras nuestros jóvenes e inexpertos soldados caían muertos como moscas, sin ninguna chance de defenderse.

Un país en donde un sacerdote con cara de buen tipo, hace unos años estaba a cargo de un hogar que daba refugio y comida a cientos de pibes de la calle, pero hoy está acusado (y declarado culpable en primera instancia) de haber abusado sexualmente de 17 chicos que confiaron en su palabra.

Un país en donde el presidente de la década de los 90 prometió la construcción de una plataforma en donde naves espaciales iban a poder salir de la atmósfera, y que de ahí íbamos a poder elegir el destino que se nos antojara, de tal forma que en una hora y media podíamos estar en China si así lo hubiésemos querido.

Ok, es verdad, basándonos en este tipo de ejemplos inevitablemente debimos convertirnos en animales desconfiados. Nos acostumbramos a que así debe ser, como un acto de defensa. Construimos una muralla de sospechas para prevenir una posible y engañosa esperanza sostenida sobre un castillo de naipes. ¿Te parece lo normal? ¿Te gusta que así sea?

2 COMENTARIOS:

Flor dijo...

Cómo le va Baccá?

Me gusta que le preocupe la verdad, pero por favor... no se ponga acartonado, aburguesado, que no va con usted.

La verdad es como un pacto. Nos ponemos de acuerdo que esto fue así, y punto. Por eso se defienden con tanto ahínco ciertas posiciones. Hay libritos para enmarcar la cosa en donde uno le quede más cómodo, no vaya a ser que eso refleje algo que no quiero ver. Los pactos a veces se deshacen, se rompen en mil pedazos, los delirios más emparentados con el delirio místico del gran argentino tienen poco sustento.. ¡pero qué atractivo! ¿no? De repente un Estado que las mayorías salieron a vitorear, que convirtió al país en una carnicería (no por nada el Matadero es el texto fundante de esta nación), pero que por un momento toda esa sangre podía estar justificada ¡le íbamos a ganar a los piratas! a estos malditos colonialistas.. Momento, ¿no éramos un país que miraba a Europa, argentinos derechos y humanos?
Cualquier cosa por estar primeros. Cuando el ego nacional necesita cualquier cosa para sentirse primero, pasan estas cosas patéticas.
EL problema en todo caso, no es que Mendez nos haya hecho creer que en una hora íbamos a estar en Japón. El problema es que necesitábamos escucharlo. Gran nación cash del uno a uno ¿vio?
Más que desconfiar de los demás, hay que desconfiar de uno mismo. Propongo un gran diván para el pueblo argentino ¡salud!

Kiú dijo...

Una cosa es la verdad, otra cosa es la confianza.
La verdad nunca es objetiva.
La confianza se gana cuando se dice la verdad.
Es cuestión de relaciones...

Comparto tu indignación sobre la falta de "palabra" que hay en general (hablo de falta de comunicación y de falta de honor sobre la misma PALABRA propiamente dicha).

(Uh, creo que no se entendió un carajo, no?).